Tener miedo es normal. Y ¿Es útil?

Y no hablo de miedo ante una amenaza vital. Afortunadamente no tenemos que vivir pendientes de supervivir cada día temiendo que una fiera nos devore.  Sin embargo, observo que muchas personas y equipos se muestran inicialmente interesados en el coaching ejecutivo o de equipos pero su puesta en acción se demora mucho o se termina difuminando.

No puedo saber ciertamente su punto de vista y posiblemente haya varios factores que influyan, aunque casi todos los que percibo tienen que ver con elmiedo al coaching miedo: miedo a no saber bien lo que es el coaching, miedo a no obtener resultados, miedo a si ese dinero lo voy a necesitar para otra cosa y, sobre todo, miedo a enfrentarse a la realidad y a la necesidad del cambio.

Con la llegada de la crisis, yo ya había experimentado con mis clientes en otra etapa totalmente diferente una tendencia a que las decisiones se retrasaran, en parte para esperar a un mejor momento financiero y, en parte, por el bloqueo que produce muchas veces la incertidumbre.

Muchos hemos vivido épocas en las que un escenario como la crisis actual era impensable, se empezaba la carrera profesional como si el modelo fuera intocable, etc. Nos desarrollamos en un momento de estabilidad y crecimiento en el que todo tu bagaje profesional iba creciendo tu valor con el tiempo y tu experiencia era un valor firme.

Nos encontramos ahora con que ese paradigma ha saltado por los aires, los criterios para la toma de buenas decisiones que siempre funcionaron ahora no están garantizados, los valores en las empresas han cambiado, la competencia ha cambiado y nos cuesta encontrar el rumbo tanto a nivel personal como a nivel de empresas.

Y cuando entra en juego la incertidumbre, modelos económicos y de conducta avalados tradicionalmente dejan de funcionar y no está claro su recambio. No es que podamos irnos al armario, cambiar de traje y listo. Ese traje no existe. Hay que crearlo.

Y si crear un nuevo escenario nos da miedo a nivel individual, hacerlo para un equipo mucho más, ya que hay que tener la humildad de un gran líder para admitir que no tienes todas las soluciones y abrirte a escuchar a fondo el potencial de ideas y aportaciones del equipo.

Los que ejercemos de coaches ejecutivos sabemos lo mucho que puede ayudar esta disciplina a recuperar en las personas y los equipos esa energía y ese re-enfoque  que les lleva al éxito en sus objetivos, ya que cambian hábitos y comportamientos que les hacen enfocar los retos de forma diferente, y, entre esas diferencias está el estar preparados para un cambio permanente.  Es, por tanto, un cambio transformacional, no un simple retoque en lo que hacías antes. Y eso cuesta, da miedo.

La diferencia es que hay quien asume el miedo y se acerca a un coach profesional o quien sigue esperando que la tormenta amaine por sí sola. Te invito a que te acerques a explorar el coaching ejecutivo a nivel personal y el de equipos. Habla, pregunta, indaga, cifra expectativas. Luego decide. Si no haces nada que no sea por no intentarlo. ¿Qué pierdes por explorar?

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