¿Agradecemos lo suficiente?

En nuestra sociedad el criticar, aunque sea con total justicia, es mucho más habitual que el agradecer o felicitar cuando alguien lo merece. Nos da cierto corte hacerlo. Es como si por agradecer perdiésemos nuestra dignidad. Y no nos damos cuenta de que si agradecemos sinceramente motivamos y hacemos sentirse bien al agradecido y también experimentamos nosotros una fuerte emoción positiva.

Y este agradecimiento no sólo es bueno con nuestro círculo cercano si no con todo elAgradecimiento mundo que se lo merece. Hacer las cosas bien es calidad pero muchas veces nuestros colaboradores no sólo hacen las cosas bien sino que dan de sí más de lo esperable. Y eso no lo agradecemos.

Cuando digo agradecer no hablo solo de tenerlo en cuenta en el futuro para proyectos, promociones, aumentos de sueldo o gratificaciones. Hablo del agradecimiento espontáneo, inmediato, discreto y sincero. Ese deja huella. El otro también es necesario pero posiblemente no cause el efecto emocional y motivador del reconocimiento cara a cara.

Esta mañana un funcionario con espíritu de servicio se avino conmigo a una solución a un problema administrativo que era aceptable para él y me ahorraba volver otro día. Cuando acabé me salió del corazón agradecérselo explícitamente y darle la mano al despedirme. No sé si su sonrisa fue tan grande como su estupor. Dudo que reciba muchas felicitaciones en un trabajo cara al público de varias horas seguidas.

¿Cuándo ha sido el último agradecimiento a nivel profesional o personal recibido o dado?.  ¿Qué pasaría si nos felicitásemos sinceramente cuando lo merecemos? ¿Qué correlación puede haber entre reconocimientos y resultados de un grupo de trabajo? ¿No se disfrutaría mucho más en el trabajo si nos felicitásemos cuando procede?

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