Vivir en crisis sin liderazgo

Por si alguien tenía dudas, las últimas previsiones macroeconómicas nos muestran que estamos en una nueva era, cuya crisis de gestación se prolongará muchos años. Ello me lleva a escribir sobre la distinción de lo que es el poder y lo que es la autoridad, con lo que ello conlleva.

Una persona o entidad tiene poder tanto en cuanto otras le reconocen más capacidad de acción que ellos. El poder no es algo tangible, es un juicio que hacemos sobre alguien. Ese poder está basado en la capacidad de acción que se le atribuye, no necesariamente a la que realmente ejecuta.

Rafael Echeverría en su “Ontología del Lenguaje” proclama que el poder es unOntologia del lenguaje, Rafael Echeverría fenómeno de la capacidad de lenguaje de los seres humanos. El poder no es un fenómeno independiente del observador, no deja de ser un juicio de adscripción que emitimos sobre una persona o entidad. Y el lenguaje genera acción.

El poder sobre otros se ejerce imponiendo la propia palabra y haciendo que otros la cumplan. Muchas veces el poder se apoya en herramientas como el dinero o las armas, en la autoridad institucional o en la seducción.

En el caso de los políticos, los hay que se apoyan mucho en las dos primeras herramientas y menos en la tercera. Nos obligan a acatar sus dictados con su capacidad de coacción y los ciudadanos solemos resignarnos y acogernos a las quejas como fórmula de escape.

Igual ocurre en las empresas cuando el profesional acata las normas y estrategias por temor al poder del dinero o la fuerza de la institución, en cuyo caso es muy posible que su vida profesional sea un calvario y admita ese poder por no arriesgarse a perder su posición.

Pero también hay una forma de poder basada en la persuasión, cuando esos agentes del poder no se limitan a hacer lo “posible”, sino que vislumbran y trabajan para conseguir inventar nuevas posibilidades.

LíderEsos son los líderes, que se ganan la autoridad por su carisma personal, sus hechos, su ética y su capacidad de persuadir a sus equipos o naciones con una ilusión basada en nuevas posibilidades. Tienen autoridad en sí mismos, no sólo por su cargo ni por su dinero o armas disuasorias.

Cuando un país tiene un líder, tiene la fuerza de los ciudadanos, su ilusión y su apoyo para descubrir cosas distintas a las que “hay que hacer”. Consigue logros extraordinarios apoyados por una ciudadanía que “quiere hacer” un proyecto común, aunque eso exija muchos esfuerzos.

Cuando en una empresa hay líderes que persuaden y realimentan su fuerza con la de sus equipos, las cosas salen porque los profesionales “quieren” ese proyecto empresarial, se sienten escuchados y ven un grado de empoderamiento razonable, sin estar constreñidos por unas normas rígidas e inmutables.

En estas circunstancias los managers y profesionales tienen muchas más posibilidades de disfrutar de su trabajo y contribuir al éxito de las compañías.

La nueva era que nos toca vivir está basada en la cultura de la compartición y en el aprecio al valor y a la autoridad más que al poder. Las empresas que se apoyen en un poder excluyente van a tener un difícil porvenir, ya que sus profesionales, sus proveedores y sus clientes no estarán a gusto y, aunque intenten reemplazarlos, el mundo va en otra dirección y los nuevos profesionales y entidades agudizarán el problema.

La innovación en la gestión es una asignatura pendiente y es importante cuanto antes disponer de liderazgos adaptativos que se apoyen en la autoridad y no sólo en el poder.

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Imagen cortesía de jscreationzs, FreeDigitalPhotos.net

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