La rutina es necesaria y peligrosa

La rutina se alcanza cuando somos capaces de hacer algo sin ser muy conscientes de ello. Creo que es casi imposible vivir sin rutinas. Si tuviésemos que pensar todo lo que hacemos, la vida sería agobiante y poco eficiente. Por tanto, gracias rutina por existir.

Por otra parte la rutina nos pone en riesgo de bajar el nivel de calidad de lo que hacemos. Es típico que en trayectos habituales en coche nuestro nivel de concentración baja y puede que si nos preguntan por lo que ha sucedido en el trayecto posiblemente no nos acordemos de nada concreto. Un ejemplo personal lo tengo con una señal de limitación a 120Km/h en un trayecto que hago muchas veces en vacaciones: la pasaron a 100Km/h y no me enteré de ello hasta que mi hijo me avisó. No ocurrió nada, pero yo no prestaba atención y seguía yendo a mis escrupulosos 120 con toda tranquilidad.

En la vida profesional y en los equipos pasa un poco de esto. Estamos horas con las personas, pero cada vez ponemos menos escucha en ellas. Y las personas, como esa señal de la que hablaba cambian: conflictos familiares, de salud, con algún cliente, con algún compañero, con algún miedo….

Y si seguimos sin prestar atención, cada vez nuestra imagen de esa persona o de ese equipo se aleja más y más de su realidad. Hasta que un día surge un aviso, muchas veces por un conflicto personal, por un declive de los resultados del equipo, por una operaciónRutina y conocimiento frustrada, etc.

Al clásico ciclo del aprendizaje yo me permito hacerle un añadido y poner esa tendencia a volver al desconocimiento inconsciente debido a la rutina, aunque uno piense que sigue militando en el conocimiento inconsciente.

Es aquí donde viene bien un proceso de coaching para romper esa dinámica de comodidad que puede dar serios disgustos, transformarse para sacar todo el potencial y volver al cuadrante mágico con una inconsciencia vigilante que nos permita tener la máxima eficacia pero con escucha activa de las personas y de la realidad cambiante.

A nivel personal el coaching ejecutivo es una herramienta muy eficaz para tomar consciencia de la situación actual, adoptar decisiones de cambio para progresar, hacer un plan y ejecutarlo.

A nivel de equipos ocurre lo mismo. Una sacudida a la rutina promueve descubrir muchas cosas productivas que estaban arrinconadas porque “siempre se hizo así”. Es esa pequeña costra como tienen  las piedras con su musgo en lugares húmedos. Eso sí, además tiene que haber un liderazgo con la valentía para hacer ese punto de inflexión y la capacidad de liderar la transformación más o menos importante del equipo que el proceso revele como necesaria.

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